María, Virgen Santa:
Un ángel se apareció
en tu casa de Nazaret
y te saludó
como la ¨llena de gracia¨
Tú te asustaste ante la grandeza
que el Señor, tu Dios,
te anunciaba.
Pero no te quedaste
en el miedo:
el temor se convirtió
en confianza.
Y la confianza no radicaba
en tus dones
ni en tu grandeza,
sino en que Dios
estaba contigo.
De este modo debemos comenzar
a orar con el evangelio:
si el Señor te dio múltiples gracias,
también nos da a nosotros
abundantes dones.
Si el Señor estuvo contigo,
¿por qué no habría de estar con nosotros?
Tú le dijiste a Dios
qué estabas de acuerdo con su proyecto.
Desde ese instante,
la Palabra viva e increada
comenzó a hacerse carne en ti.
Concédenos, Madre Santa,
que abriendo nuestra inteligencia
y nuestro corazón,
la Palabra creadora de Dios
crezca también en todos nosotros.
Escrito por: Hector Muñoz op.
del libro: 100 Oraciones para Vivir el Evangelio